En la provincia de
Misiones será la exuberancia de la naturaleza la que marcará el protagonismo.
La riqueza de la selva subtropical, con sus mil variedades de vegetación y el agua omnipresente son el entorno mágico que alberga las impresionantes
Cataratas del Iguazú. Ubicadas en el parque nacional de su mismo nombre es realmente impresionante contemplarlas desde las pasarelas que recorren el parque, sentirlas a pocos metros de distancia con su sonido abrumador y refrescarse con el salpicar del agua al precipitarse en el río.
Navegando frente a las cataratas
El parque presenta numerosas posibilidades de recorrido. Es un parque amplio que permite ser visitado al ritmo del viajero, tanto en una visita rápida de un día, o en una placentera estancia de 4 días, recorriendo todos sus rincones, realizando las diferentes opciones de navegación y caminatas que presenta, aunque siempre recordando que es un parque nacional y que por tanto el área de recorrido queda estrictamente definida.
La ciudad de
Puerto Iguazú es una pequeña población tranquila que en la época estival se convierte en un auténtico lugar de veraneo.
Las cataratas también se pueden visitar desde el lado brasileño. Aquí el parque es de menor extensión pudiéndose visitar en medio día. Desde este lado se tiene una perspectiva panorámica de las cataratas.
La provincia de Misiones delimitada por los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú forma parte de la llamada “Mesopotamia Argentina”. Surcada por centenares de arroyos toda la provincia ofrece numerosos saltos y pequeñas cataratas que forman pozas y recodos donde es posible tomar un placentero baño rodeado de la frondosa vegetación de la selva misionera.
Placentero baño bajo una cascada
De entre ellos son los saltos del Moconá los más espectaculares por su longitud y sus características. Estos saltos son originados por una falla cuya brecha divide al rio longitudinalmente dando lugar a más de dos kilómetros de cataratas. Esta pared de agua genera unas cataratas cuya altura varía de los dos a los quince metros en función del caudal que lleve el río.
En cuanto a su riqueza cultural, hay que mencionar que Misiones se constituye en una verdadera sociedad plural. Sus habitantes son el resultado de una convivencia entre los pobladores de origen guaraní junto a otros de origen norte y centro europeo que como inmigrantes poblaron la región desde finales del siglo XIX.
El pueblo Guaraní pobló la zona a principios del siglo XV al emigrar desde las regiones amazónicas en busca de nuevas tierras. Este fue el pueblo que encontraron los primeros colonizadores europeos y cuyo legado cultural ha influenciado notablemente en la formación de la identidad del “Misionero Guaraní”. Actualmente hay varias aldeas dispersas en la región donde los guaraníes mantienen sus costumbres y su modo de vida de subsistencia en perfecta armonía con la selva. Es posible visitar algunas de estas aldeas que se hayan cercanas a lugares poblados, asimismo existen algunos grupos de guaraníes que viven en la selva casi totalmente aislados del mundo exterior.
Como otro de los atractivos turísticos relevantes de la región se encuentran las ruinas de las “
Misiones Jesuítico Guaraníes”.
Ruinas de San Ignacio
En la época de la colonización, con el afán de evangelizar a los guaraníes de esta región, desde la capital se envió misioneros pertenecientes a la compañía de Jesús. Los Guaraníes que desde su llegada al territorio de Misiones se habían dispersado en distintas unidades tribales, se encontraban en pleno proceso de unificación de las tribus dispersas por la zona. Al escuchar el mensaje de los jesuitas vieron la posibilidad de seguir con su proyecto bajo la protección de la corona española y mantenerse así a salvo de las incursiones ya sufridas por hacendados españoles y bandeirantes portugueses.
Los Jesuitas fundaron treinta pueblos o “reducciones” con la colaboración de los guaraníes; siete en Brasil, ocho en Paraguay y quince en Argentina, repartidos entre las provincias de Misiones y Corrientes. Todos los pobladores guaraníes trabajaban tanto en las huertas particulares como en las comunitarias, asimismo se les evangelizaba y se les educaba e instruía en diferentes aspectos culturales. Al mismo tiempo, los jesuitas fueron utilizados por los guaraníes para mantener su idea de la política. Esta relación fue exitosa y las reducciones se consolidaron y expandieron con un crecimiento demográfico que superó los obstáculos de epidemias y saqueos. Las reducciones se componían de una imponente iglesia, un colegio, talleres, un cementerio y viviendas para los pobladores, todo en el imponente estilo llamado barroco colonial o americano.
Esta brillante labor de los jesuitas en ultramar, unida a sus acciones en universidades, sus labores comerciales y su influencia en muchos estadios de la sociedad del viejo mundo comenzó a despertar opositores e intrigas internacionales. Comenzaron a ser objeto de ataques por causas ideológicas y tras años de trifurcas finalmente el rey Carlos III firmó la expulsión de estos de España y de todos sus dominios del mundo.
Siendo estos expulsados, las reducciones comenzaron a entrar en decadencia hasta ser finalmente abandonadas y destruidas a mediados del siglo XIX. Los guaraníes retornaron a la selva y el camino que tal vez hubiera llevado a la unificación de su pueblo ya se había roto, así que quedaron dispersos por la región en pequeñas unidades tribales.
Actualmente es impresionante observar cómo las grandes obras arquitectónicas del barroco colonial que albergaban las reducciones han sido absorbidas por la fuerza de la selva.
Camino en la selva